Luego de ver el sonoro caso del famoso error de ProEduca, división del Ministerio de Educación que confundió a Simón Bolívar con José de San Martín -que para esta fecha curiosamente ya es historia-, tengo algunas cositas que me parece importante compartir.

Lo primero, me pareció magnífica la reacción del Ministerio. Asumieron el error -que no era suyo directamente, pero vamos, es parte de tu Ministerio- en un comunicado publicado en sus redes, y también su CM puso el pecho estoicamente pidiendo disculpas, una a una, a las personas que los destruían por tan grave desliz. Adicional, vino la publicación del GIF con ambos personajes recordando qué labor hizo cada uno por nuestra Independencia

Pero, dentro de todo este barullo, los CM’s jóvenes de este país, en un grupo cerrado en el que participo, tuvieron comentarios de lo más curiosos y solidarios. Y pude recordar la época en que tus errores no se podían editar una vez publicados, cuando los podías ver puestos a doble página en El Comercio, en un catálogo o en cualquier material que impreso ya, no había forma de volver atrás. La única corrección luego de eso era republicar o publicar una Fe de Erratas.

¿Que cuál es el drama? Que para los que empezamos en esto antes de que aparezca el Facebook como medio, sabemos que los involucrados en este error, al día siguiente de publicado, tendríamos una reunión en Gerencia -o sólo con el Director Creativo-, para saber cuánto te iban a descontar a fin de mes… y fines de meses más, para pagar esto. Porque se volvía a imprimir o publicar, sí, pero asumía el costo la agencia y quienes pagábamos éramos los que habíamos firmado el arte.

Algunos de los jóvenes comunicadores que leía, decían que les parecía injusto que vayan a despedir al infortunado personaje que redactó ese post. Pero, de alguna manera, uno tiene que aprender a ser responsable con lo mínimo en su trabajo. Digo, cualquiera de las teorías que argumentaron como posibilidad de error, tienen un principio básico: la falta de conocimiento y de minuciosidad antes de programar el post.

Estoy de acuerdo con que quizás no hubo los filtros suficientes para evitar esta equivocación. A nosotros también nos ha pasado en este vertiginoso mundo digital y hemos tenido que rearmar piezas por lo mismo. Justamente, esto le costó el puesto a alguien por aquí. Porque, como en la vida, somos seres humanos con permiso a equivocarnos, pero hay que asumir responsabilidades y el costo de nuestros errores.

El aprendizaje final del caso “Ministerio” (y como recordando “viejos tiempos”), es que los errores son comunes en nuestra industria, se seguirán cometiendo y debemos estar preparados para asumir la responsabilidad -con sus memes subsecuentes- y aprovechar que, divinamente, podemos editar casi de inmediato.

 

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