Para empezar hay que dejar en claro que nuestra industria -la publicitaria- todavía no se pone de acuerdo acerca de cuáles son sus características y cómo medir su éxito.

Para todo efecto práctico, para muchos especialistas en digital, la novedosa plataforma Facebook Watch, con su formato de episodios de 7 minutos-, es considerada como short-form content, debido a que se puede consumir de forma “rápida y fácil”, como dejó en claro Mike Mikho, CMO de Cycle Media -citado por Sami Main en AdWeek-, enfatizando que para diseñar este tipo de contenidos habría que hacerlo desde la perspectiva de nuestros potenciales usuarios. Lo mismo va para los videos creados específicamente para YouTube, que toman menos tiempo y dinero producir.  Hoy por hoy también son considerados contenido de corta duración los GIFs y los videos loopeados en Instagram conocidos como Boomerangs.

 

Como ven el espectro es amplio y no ha estado libre de críticas, ya que los creadores de contenido -o sea, nosotros- pueden medir shares y engagement pero las cosas se dificultan si se trata de incluir otras métricas que podrían ser relevantes para las marcas, como por ejemplo, la calidad de los comentarios a pesar de que la cantidad de interacciones no sea muy elevada.

 

La idea es que el short-form content sume a la experiencia online de los usuarios sin dejar de apoyar la marca que lo creó: con el formato GIF en plena ebullición -ahora se puede comentar con ellos en chats y redes sociales-, sería ideal que quienes siguen una marca puedan encontrar mensajes cortos elaborados por estas para emplearlos en su comunicación. Es el sueño de cualquier marketero, sobretodo teniendo en cuenta que portales como Tenor logran 300 millones de búsquedas diarias de GIFs. Piénsenlo.

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